sábado, 18 de septiembre de 2010

El chicle


Por: Pamela Méndez

Hoy les traigo un tema muy pegajoso y masticable. Hablaremos del chicle.

Todo inició en las selvas del sureste Mexicano, para ser precisos en los estados de Quintana Roo, Campeche y el norte de Centroamérica.

Originalmente el chicle se obtenía del árbol del Chicozapote, uno de los árboles más abundantes de la zona, y que se conoce como “el Gran Petén”, donde hace más de dos mil años floreció la cultura Maya.
Los mayas recolectaban la savia del chicozapote haciendo cortes o incisiones  en zig-zag sobre su corteza para que ésta fluyera hacia los recipientes colocados en la base del árbol.
Y luego de un proceso de secado, se obtenía una goma masticable que usaban para limpiarse los dientes y la boca o para “engañar” el hambre en los rituales de ayuno.

En pocas palabras: mataban el tiempo, mascando chicle...ummm.
El nombre con que los mayas conocían esta goma fue “sicte”, que significa “sangre o fluido vital”, los Aztecas la llamaban “tzictli” (para quienes la palabra significaba pegar) y de allí pasa a la lengua española como chicle.


PRODUCTO DE UNA PLÁTICA
El lanzamiento del chicle a los mercados internacionales se dio gracias a un intercambio de ideas entre el ex presidente de México Antonio López de Santa Anna y un ingenioso fotógrafo de apellido Adams, la inquietud de Santa Anna  era cómo producir un material más elástico, resistente y barato para producir neumáticos para carruajes, pero al mencionarle a Adams la práctica de los mayas respecto al chicle, éste fue más allá.
Su primera propuesta fue mezclar la resina del árbol con un tipo de hule. lo cual resultó un fracaso.
Después de muchas pruebas –finalmente- se vendió la primera caja de chicles Adams, pero claro, con el color original y sin sabor, ya que el sabor era lo más difícil de añadir pues el chicle no absorbe sabores, absorbe azúcar.

BOMBAS DE SABOR
Pasó el tiempo y en  el año de 1880, a un vendedor de palomitas de maíz de Cleveland, en Ohio,  se le ocurrió mezclar saborizantes con jarabe de maíz y después añadir la mezcla al chicle, el experimento tuvo éxito dando origen al primer chicle de menta con el nombre de Yucatán, después se lograron crear más sabores, sobre todo frutales.
Pero no fue sino hasta la Segunda Guerra Mundial cuando el chicle alcanzó su máximo esplendor.
Los soldados norteamericanos lo llevaron consigo por la facultad que tiene de relajar la tensión nerviosa, ejercitar los músculos del cuello y cara, estimular la producción de saliva e inhibir el hambre momentáneamente.

En los años cincuenta se descubrió un polímero sintético, y su producción era de un costo menor que la del chicle natural.

En nuestros días la producción de chicle tiene un ligero repunte gracias a la preferencia cada vez más popular por productos naturales.

BENEFICIOS Y PERJUICIOS
Actualmente la composición de los chicles incluye también conservadores y materiales plásticos que no se disuelven con el agua y muchas veces, son tóxicos, por lo que al tragarlos pueden provocarle muchos problemas a tu estómago; y no solamente te perjudican a ti sino también al medio ambiente pues debes saber que un chicle tarda 5 años en degradarse.

El chicle masticado que dejas pegado abajo de la banca de la escuela, o en el asiento del autobús, se convierte en ese tiempo, por acción del oxigeno, en un material duro que luego empieza a desquebrajarse hasta desaparecer.

Por eso, es importante que no los tires en la calle, o en el cabello de alguna compañerita del salón.
También según las buenas costumbres -y reglas de urbanidad- prohíben mascar chicle en público pues se considera una falta de respeto y hace parecer a la persona floja y malviviente.


Sin embrago, masticar chicle  chicle es una práctica muy común en las personas de todas las edades, incluso se le atribuyen beneficios como: que actúa como inhibidor del apetito, apacigua el nerviosismo, y según investigadores mascar chicle ayuda a quemar aproximadamente 11 calorías por hora. Y por supuesto: es una gran ayuda para el mal aliento.


Así que de  menta, de hierbabuena o de frutas, en pastillas o tipo americano, el chicle es un fiel compañero que se sigue transformando con el tiempo.

¿Qué tal?, ¡este chicle si que tiene historia! No olviden comer bien, variado y a hacer muchas bombas.
Soy su amiga PAM en “Tras la Ciencia de la Nutrición” y recuerden que ¡la ciencia también se come! 


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2 comentarios:

dayana valentina rojas cardenas dijo...

esta pagina esta muy mala

Flor Rosita dijo...

también te hace doler la mandíbula si masticas por horas, y tragas aire.